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Archive for Abril, 2007

Miercoles, Abril 25th, 2007

Era el año 78, 79 a lo más.

-Abu, ¿Qué diferencia hay entre Supermán y el Santo?

El niño calló y fijó su mirada en los ojos del hombre. La pregunta era fácil de responder, pero el abuelo se tomó su tiempo, cinco, ocho, diez segundos, como el luchador que va a golpear y mira a las gradas, alardea, baja la guardia sin miedo antes de soltar su brazo estrepitosamente contra el pecho del rival.

-La diferencia es que el Enmascarado de Plata es de carne y hueso, y pelea en la Arena cada semana. Supermán no existe.
Una respuesta breve. Un destino marcado para siempre.

Pequeña serenata diurna

Lunes, Abril 23rd, 2007

Las autoridades de la ciudad invitaron (probablemente por error) al embajador Do Nascimento a asistir en un lugar preferencial al concierto que un insigne cantautor cubano daría en el Zócalo el domingo.

El embajador apenas se recuperaba de los largos interrogatorios en los inhumanos calabozos del aeropuerto Moscú, del vuelo de regreso esposado y de algunas incómodas escenas en Relaciones Exteriores, por no hablar del temible ser humano que se autodenominaba psiquiatra que le tocó en suerte. Pero no pudo rechazar semejante oportunidad, aunque se jugara su libertad. “Lo más terrible se aprende enseguida
y lo hermoso nos cuesta la vida”, se dijo el elegido.

-Luisito, how are you? ¿Cómo ven en Miami la situación en Cuba? ¿Se muere el viejo o no se muere?
Al otro lado de la línea escuchó lo que parecía un mordisco a un sandwich, casi con toda seguridad de pierna.  Luisito era el nombre clave de su contacto en la CIA.
-Bueno, embajador, la verdad que ya son muchos años, chico. Washington ni me llama. No sé nada que no sepas.
-Creo que tengo una chance inigualable de obtener insight, de entrar hasta el fondo en la situation. Voy a ver a Silvio. Y espero pasar un tiempo con la gente de la embajada.

-Ahá.

Otro mordisco.

-Volveré a llamar.

Do Nascimiento sintió toda una explosión de adrenalina en su cerebro. Quedaba blindado en caso de un cambio de régimen. Aparentemente trabajaría para los gringos, pero si lograba estrechar sus lazos con el régimen… Hacía años que tiene puesto el ojo a un terreno en Varadero para una casita, nada ostentoso, no más de mil y cacho de hectáreas. A pocos años de que el régimen de propiedad privada sea una realidad, ¿qué mejor que ir tomando posiciones?

El concierto comenzó algo tibio. Lloviznó. Miles de estudiantes de la UNAM vociferaban (goya, cachúm, cachúm, ra ra, cachúm, cachum, rara, universidad), una sola bandera cubana, silvidos a los del DIF del DF que subieron al escenario a echar su rollo. Cubrió la carta de la lluvia.

Querido Raúl,

Quiero que recibas este mensaje en mano para que tenga, mi querido compañero de         mil batallas (acéptelo como figura retórica, mi comandante), que ante la enfermedad         de su hermano tiene en mí a un amigo, un apoyo para mantener en pie su herencia,             en la que no tengo objeción ninguna en participar. Me refiero, claro, a lo que                     comenzó en el Moncada. ¡Viva Fidel!, ¡Viva Cuba y su revolución socialista! ¡Viva (y         esto es lo más importante) Raúl y sus compañeros!

Un fuerte abrazo del compañero Do Nascimento.

Silvio vestía en jeans y playera negra. A sus años, y este hombre no aprende. Con lentes. El trío Trobarroco y una chiquita linda a la flauta, su señora.

Pese a sus fríos cálculos, embajador sintió que varias veces las lágrimas se le salían. Al escuchar Gaviota recordó sus fantasías de guerrillero revolucionario, cuando se veía a sí mismo con la mirada en el horizonte, como el Che, (y) rodeado de admiradoras. Se recordó vendiendo bonos de la revolución en los pasillos de su universidad, y cómo se escondió al ver a su vecino, hijo de una exiliada cubana, no le fuera a contar a su padre; recordó las horas transcurridas con la guitarra tratando de tocar Ojalá, intento menos riesgoso que la aventura guerrillera para seducir jóvenes revolucionarias. “Qué cosa fuera la maza sin cantera, un amasijo hecho de cuerdas y tendones”. De repente, descubrió que jamás había entendido las letras de estas canciones.

A la salida del camerino, escondido tras la secretaria de Cultura del DF, lo vio salir con una gorra azul.

-Silvio, tengo una carta para Raúl. Tú no te acuerdas de mí, pero somos amigos de siempre.

Un señor muy amable con un cable en la oreja recogió la carta mientras el célebre cantautor daba la espalda a Do Nascimento de forma poco diplomática y saludaba al biznieto de Gervasio.

-Vaya, pero si yo te conocí cuando eras así de chico.

El embajador se alejó por Tacuba silbando que el Unicornio azul se le perdió, con el alma hundida en evocaciones de los tiempos pasados, dibujando mentalmente los planos de su casa en Varadero, pasito a pasito entre la gente, un hombre feliz.

Um fingidor

Viernes, Abril 20th, 2007

El profesor Da Silva deja la pipa de brezo sobre la mesa, se le apagó mientras dibujaba círculos sobre el papel y reflexiona sobre  el bloguero como fingidor, sobre su naturaleza irreal y mediática, el iluso afán de la interacción. Limpia sus lentes con un pañuelo y por una inexplicable asociación de ideas recuerda aquello escrito hace casi dos décadas

Hay algo malabar, que se escapa
en esa ceja que arqueas,
algo frágil, que se quiebra

Sentado en la mesa de madera de su estudio, reinicia su estudio sobre los heterónimos de la postpostmodernidad, Pessoa y el blog.

Piensa en esa ceja (ella tenía 15 años) y en si es él quien la piensa o alguien finje que la está pensando.

Tive raçao (beijo 2)

Jueves, Abril 19th, 2007

Querida Columbina:

Esta costumbre mía de besar en los bares… ¡no soy yo!

Menos aún tú, es cierto. Quiero disculparme. Si tú hubieras hecho lo que yo, yo en tu lugar sí te odiaría. Quiero pedirte perdón, poner pencas de nopal en las rodillas y cruzar Insurgentes sobre ellas hasta donde estés. Me duele algo que no sabía que me podía doler entre el esternon y la columna vertebral sólo de pensar en lo que pasó y en tu cara al vernos tumbados en una butaca, besándonos y acariciándonos. ¡No viste a su novio, que debía estar pasándolo peor que tú a dos butacas de distancia! Nosotros, los de entonces, ya no éramos los mismos nosotros, pero ellos sí.

Haré un recuento aproximado y sin duda patético de lo consumido en el último mes: ocho botellas de ginebra, 200 de agua quina, 17  botellas de vino, 90 litros de agua, tres entradas para el table dance (conocí a una rusa el día en que rompimos a la que ni siquiera besé, pero con la que vi más mujeres desnudas de las que he visto en toda mi vida; todas me quitaban la máscara y me pedían mis pinturas), 30 litros de cerveza, un condón (ella, felliniana y voraz, anunció sobre la playa: “te veo vulnerable, y me voy a aprovechar de ti”), tres botellas de vodka, cuatro cajetllas de marlboro light, una de marlboro rojo (fumé una semana, ya lo dejé, cuando empezaba a llegar a dos cajetillas al día), una sesión de terapia (casi lloré), la colección completa de los discos de Enrique Bunbury (los héroes del silencio deberían ser coherentes y callarse, solía decir yo), nueve cajas de Alka Seltzer, un nuevo juego de pinturas para la cara.

Era una fiesta. Estábamos todos. Giusseppe, Giusseppe, Giusseppe y todos los demás. Música de cámara de lo peor. Muy aburrido, y muy triste, tú a un lado del pasillo, yo al otro. Como ahora, cada día, yo al gimnasio por las mañanas, tú por la tarde, este acuerdo tácito. (Extraño a veces ver tu reflejo en el espejo, esforzándote mecánica, voluntariosa, sonriente)

Ella, Graciela, Daniela, ¿Gabriela? tenía unos dientes inmensos, era antropóloga y me dijo que se iba a Tijuana. No sé más. Bueno, sí, que cuando se besa a una mujer de dientes inmensos hay que cubrir los incisivos superiores con el labio bajo riesgo de que suene “clack” al choque, y se astille uno algo.

G o D se sentaba en la segunda fila, junto al sátiro Froi. Sí, admito que sabía que andabas por ahí, cerca (hablando con un señor, he de mencionar, y no digo más). Ella preguntó que por qué yo bebía gintonic, yo respondí que por Conrad, ella se extraño porque Joseph Conrad era polaco, yo agregué que además no le atinó a un disparo al corazón, y ella que si Lord Jim y yo y sí, la besé, y ella me dijo que era lo más tierno que había visto últimamente porque, claro, su novio dos butacas más allá tenía pinta de muy pocas ternuras.

Sé que huiste en cuanto viste eso suceder ¡en la puerta del tocador de mujers!, lo que no supiste que el teatro se fue vaciando y yo desperté solo con las luces del patio de butacas encendidas. En el vestíbulo del teatro estaban ella y su bestia. Se subieron a una Harley. “Pero qué lindo eres, eres un tierno”, se despidió.

Lo malo de ser Pierrot, debo aclararte para cualquier tipo de pensamiento febril que puedas dedicarme, cada día menos frecuentemente, cada hora más llevadero, es esta manía de todas a acariciarme, a pedirme besos, a llamarme tierno y querer proteger mi vulnerabilidad a golpe de cadera. Yo querría gritar “¡Perra inmunda, te voy a enseñar lo que es bueno!” pero, Columbina, no me sale, agarrarlas del pelo, escupirlas, mostrar lo malísimo que es Pierrot,  nadie lo cree y terminan poniendo mirada dulce, hablándome de lo frágil que parezco, me dan besos y se van, y yo doy besos, y me voy.

Sé que para ti no soy tierno ni vulnerable (al fin), sino un señor que besaba a unos dientes enormes sobre una butaca y, peor aún, que quizá los besó muchas veces antes (eso no: ya habría sabido que hay que cubrir la mandíbula superior contra posibles colisiones).

Pero a ti nunca te llamaría perra inmunda, Columbina.
Lo siento, últimamente todo sale mal.
P.

Beijo

Miercoles, Abril 18th, 2007

Ruido de pasos en el escenario vacío y en sombra. Es Pierrot vestido de adolescente pero claramente en alopecia creciente, panza otro tanto. De fondo, sonido de bar o cantina, gente que habla. Mira a la audiencia, cruza  el proscenio y se dirige al borde del escenario, con un trago en la mano, del que no para de beber. Recita con acento pésimo poemas de sus tiempos.

-Pace non trovo, e non ho da far guerra…

Salta al patio de butacas y está a punto de partirse el tobillo, titubea entre las sombras y se sienta en las rodillas de una mujer mayor, de unos 60 años, pelo rubio, ojos azules. (Ella, tequila en la mano, charlaba sobre si el hombre guapo del final de la fila era conveniente o interesante; el grupo reía poco antes de lllegada de Pierrot, ante cuya insolencia ella pone cara de francesa)

-Pierrot, la verdad: tú no eres conveniente ni interesante. (mira al grupo y ríe)
-Y tú (ofendido) quién eres.

- Yo fui la que fui (solemmne) y mi difunto jefe fue sabio.

-Debió ser un idiota

(la audiencia exclama un ohhhh, porque era en verdad un señor muy importante, de los que fueron alguna vez a Estocolmo).

- ¡No es cierto!

- Un idiota. Sus libros me salvaron la vida, y cuando lo vi… me dijo “qué Pierrot talentoso que es usted” (hace un saludo a la audiencia, pero esta empieza a abuchearlo), pero todo lo hizo mal, se convirtió en gurú, en idiota.

- Él lo sabía.

-Dime algo más, gran dama. ¿Por qué fuiste lo que fuiste? ¿Acaso nada es?
- Mi ex marido es.

-Uf.

Pierrot ha ido levantandose de la butaca y llevándola hacia el escenario, se escucha cómo hablan, cómo beben, el ruido de la cantina se hace ensordecedor.  Se escuchan nombres de escritores, de ex novias, de ex maridos. Cuando suben por la parte trasera del escenario ella agarra el brazo de Pierrot, que camina con aire soñador.

-Adiós, gran dama. No vuelvas a hablarle a nadie de tu ex.

-Pierrot, debo pedirte una cosa.

-Di

-Bésame. (encogida, temerosa, descarada).

-Por supuesto. Pace non trovo, e non ho da far guerra…
Pierrot la abraza con fuerza, una, dos, tres veces, la  besa en los labios, acaricia su cabeza, la deja ir a su butaca, sube al escenario, sse aleja del proscenio, sale.

o telefone tocou novamente

Martes, Abril 3rd, 2007

El Ingeniero recorre la ciudad en su coche vapuleado. Es de noche. Busca una señal. Lleva el portátil sobre los muslos. Cada poco tiempo se detiene frente a un bar, un restaurante, choca con un árbol o un coche, frena en seco frente a la muerte inminente porque sus ojos están puestos en la pantalla. El Ingeniero sólo quiere transmitir.

De repente, algo despierta en el portátil y el coche se detiene, estacionado de mala manera frente a unas jardineras. Enciende la compu, y contra el mundo, vuelve a transmitir con el sonido de fondo de naked musik, Jorge Ben y Taj mahal en un homenaje mutuo.