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Flying down to Rio

Hay una edad en la que uno toma su primera y única verdadera decisión en la vida; los seis años. Loquinho supo entonces que su destino sería tratar de bailar y ser como Fred Astaire. Consciente de la gravedad de la decisión, decidió hacerlo público a plena luz del día.

Era un sábado después de la peli de las tres. Para deleite de quienes jugaban, paseaban o se daban besos en el jardín del edificio de departamentos, el niño arrancó una rama de encina del jardín con forma aproximada de bastón, se caló una gorra de su padre a modo de sobrero de copa, y empezó a golpear el suelo con los pies en lo que consideró una réplica exacta de los movimientos de su héroe del claqué. Aún no sabía que necesitaría placas de metal en la punta del zapato para el futuro. Aún no conocía el duro sacrificio del baile, ni la disciplina de la coreografía. No cruzó su mente que en la vida no estaba bien visto ponerse a cantar y bailar en mitad de una conversación. Pero sí supo entonces, al sentirse incompleto, que nunca lograría triunfar en el baile sin su Ginger.

¿Puede un niño sobrevivir a su propia cursilería? Verano de 1984, en un pueblo de pescadores al sur de una isla africana. La abuela preguntó que qué quería ver, que si prefería los partidos de futbol del mundial como su padre y hermano, o algún documental de animales o… “Eso”, dijo él, embobado al ver y oír a Fred en color y cantando, junto a quien era probablemente Audrey Hepburn.

“¿Te gustan esas películas, niño?”, preguntó la abuela, mirando a papá de reojo, que andaba atareado en algún otro lugar de la sala de aque departamento de veraneo. “Sí, son buenísimas”, respondió Loquinho sin apartar la mirada de la pantalla a sus 12 años, fiel a su convicción primera. “A ver si este te va a salir rarito”, le dijo la abuela al padre mientras cambiaba de canal y ponía el futbol, no fuera a ser que el niño…

20 años después apareció Ginger un día en que la Princesa no quiso salir como era su costumbre. En pleno antro de la Zona Rosa de la ciudad de México con la música de fondo de Los Fabilosos Cádillacs, Loquinho le cantó al oído heaven, I´m on heaven y mejilla con mejilla recorrieron la sala los dos dando círculos, ella con su falda al vuelo, él abrazando su cintura firme, camino de la escalinata, paso a paso en la coreografía perfecta, hacia el barandal de mármol, y los coros, y los violines y la separación de la Princesa que no había querido salir.

Cuando hoy viaja en avión Loquinho imagina a los bailarinas y bailarines trepados a un biplano que sobrevola Copacabana como el suyo cruza el océano. Mira por la ventanilla y se imagina sobre el ala, en una fantasía en blanco y negro, entusiasta, feliz, cantando y bailando para decir buenos días, qué gusto verla, cómo está usted, señorita azafata.

Flying Down to Rio DVD Movie

One Response to “Flying down to Rio”

  1. Het Up about Movie Says:

    Bailarines (bailar para sobrevivir)…

    Bailarines (bailar para sobrevivir)…

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