samba do aviao pra Sylvia, Silvya, Silvia, Sylvya.
Temida Sylvia:
Han pasado casi tres años desde la última sesión. Dado que nunca cancelé, te debo 84,000 pesos, unos 7,650 dólares. Comprenderás que no me pase por la consulta y que prefiera escribirte.
¡Si te contara, todo lo que he crecido! Ahora estoy metido hasta el cuello en un proceso de paz en Oriente Medio, debes sentirse orgullosa de mÃ. Hablo con lÃderes mundiales y hasta con soltura, aunque esto no te interesará tanto como saber que superé mi inclinación hacia las novias-madre. Viajo en un avión con destino a una rusa aficionada a ver húngaras desnudas en las noches, no creo que mi madre lo aprobara jamás.
(Olvidé mi Freud, ¿cuenta el tamaño de los pechos para evaluar si me liberé o no?)
Busqué otros doctores, no te miento, con la esperanza de que con pastillas todo fuera mejor. Uno dijo distimia, una depresión como leve, y querÃa darme antidepresivos e hipnotizarme (tú lo hacÃas con ojos azules y voz gutural y toda tu enormidad en el sofá, y esa mano sobre la frente en los dÃas del desastre tercero o séptimo de mi vida extremosa). Otro me decretó déficit de atención, y me atiborró con pÃldoras que me tenÃan todo el dÃa con la mandÃbula encajada. Un tercero optó directamente por el litio. Probé el yoga, el deporte, Chiapas, dejar de fumar, cambiar de coche, lecciones de salsa, Colombina.
Tu plan de que ligara en los bares para salir de la endogamia fracasó. “Nada, tú entra, saluda, y déjate llevar”, decÃas, haciéndote la experta. No lo eres. He salido con familias enteras, hermanas, mejores amigas, incluso con la misma mujer dos veces.
Debo confesarte que la semana pasada me dio por inundar la ciudad, pensé en ti, en qué harÃas (pienso mucho en ti) pero recordé que aquà lo aguantamos todo. Y tenÃas que haber visto amanecer desde la ladera del Popo, con todo el Valle de México cubierto por el mar, sólo por eso valió la pena.
(HabÃa CDs piratas flotando, desaparecieron los topes de las calles, un grupo de niños de la calle cortadas por cristales se ofrecÃan para llevar a todo el mundo a las espaldas, un vocho trasladaba una familia hacia el Izta. Ya no hacen vochos como los de antes).
Supongo que te sigues dedicando a dar positivos a los portadores de VIH y veo tu cara de que mi vida extremosa es un chiste. Creo que por eso te escribo.
Parece que el avión va vacÃo, que sólo estoy yo. Te mandaré unas flores, lo prometo.
Un abrazo, un beso,
L. Herzog Do Nascimento

Marzo 13th, 2007 at 3:57 pm
(eu adorei o teu blog, Loquinho, eu sou a tua mais rendida admiradora, sou louca por ti)