El razonamiento del embajador Do Nascimento era inapelable: para acercarse a Dios, Alá, Jehová, de manera pacÃfica, democrática y cotidiana no hay nada como el elevador. Y el rey del elevador, a falta de Tom Jobim, es João.

El mayor desafÃo estaba en Abbas Arakchi, consejero de seguridad nacional de Irán ¿le gustarÃa la idea? El 10 de marzo Arakchi saludó a la delegación estadounidense en la Conferencia sobre Irak celebrada en Bagdad. Todo un gesto de buena voluntad del iranÃ, que según muchos sólo piensa en el uranio enriquecido y la Bomba.
Con Condi serÃa más sencillo. Una llamada de teléfono, la invitación a interpretar alguna pieza clásica a cuatro manos, una edición rara de El PrÃncipe, esas cosas que a ella le gustan. El embajador y la secretaria de Estado habÃan coincidido en otras ocasiones en los mismos hoteles. No explicaremos aquà sus maniobras, todo menos militares.

El siguiente paso del embajador Do Nascimento llamó a Gil. El ministro de Cultura brasileño ensalzó la paz, y explicó cómo internet iba a liberar a China, a Irán, cómo la juventud de ahora, ya saben, tiene la libertad, el conocimiento, la verdad al alcance de la mano. Siempre disperso, siempre genial, medio pacheco, Gil. Si quisiera hablar con Dios, agregó, ciertamente Joao puede ser una ayuda. Estaba hecho.

Ahora sólo faltaba el golpe maestro. El embajador Do Nascimento llamó a Putin
-V.P.- Embajador Do Nascimento, espero que sea algo importante. Gracias por la colección de discos que me envió.
-LdN.- Al contrario, presidente, el gusto es mÃo. Esto ya está hablado con Irán, con Siria, con TurquÃa y con Condi, que es como hablar con todos los demás y que lo manda saludar. Es hora de acabar con este disparate, y de poner fin a los enfrentamientos de sunÃes y shiÃes, y de todos contra los soldados. Tambien (aclarándose la garganta) es hora de que Rusia recupere su peso polÃtico global.
-VP.– Embajador de ningún paÃs, y en todo casos del otro lado del mundo, que además viven del etanol y no del petróleo, ¿de qué me está hablando?
-LdN.- Presidente, para poner fin a la guerra en oriente medio organizaré una conferencia de paz en Moscú, en la que el orden del dÃa incluye exclusivamente un concierto de João Gilberto.
-VP.- Suena razonable (por señas, Vladimir pide a su asistente que verifique el pasado del embajador L. Do Nascimento y posibles conexiones con terroristas chechenos)
-LdN.- Todo ha sido inútil hasta hoy. Sólo João puede poner fin a la violencia. ¿No escuchó usted el Vivo Sonhando de 1963?
-VP.- ¿Y por qué en Moscú y no en Bagdad?
-LdN.- Usted déjemelo a mÃ.

“Hay que llevar las relaciones deterioradas a un nuevo nivel”, habÃa dicho V antes de partir. “lo mejor es ir la un club de swingers. Cuando ves a tu pareja screwing everyone around, ya no tienes celos, ni miedo, y la infidelidad no se convierte en un tema”.
HabÃa que sentar a Irán, Estados Unidos, Jordania, Irak, Arabia SaudÃ, TurquÃa y Siria en Moscú con Joao de fondo, para que se pusieran melosos.
(Antes de partir, el embajador L. Do Nascimento pidió dos cosas a Joao:
1.- Que vendiera a su hija Bebel en un mercado de camellos por ese disco tan malo que hizo después de Tanto Tempo.
2.- Que cantara allá en Moscú Eu vim da Baia, de Gil, para V, que ahà estarÃa)
…boleto en mano, Do Nascimento va a la peluquerÃa, compra una nueva camisa, unos aretes antiguos, un manual sobre la mariposa monarca, y se prepara tembloroso para subir al avión y volar a Moscú, en busca de V.